En mi constante surfeamiento -como tal, superficial- sobre las aguas de la mar océana del conocimiento científico, vine a conocer una palabra cuya sonoridad unida a lo que representa hace las delicias de la mente misma: colémbolos.
Resulta que son unos bichos sin alas y con una especie de “resorte” abdominal. Y resulta también que no sólo existen desde hace 400 millones de años, por lo menos, sino que además viven en todo el planeta, incluso la Antártida, y ya que estamos, son los bichos más numerosos: pueden encontrarse hasta 62.000 individuos por metro cuadrado.
Pero vuelvo a lo que importa: colémbolos.
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