Primero, desconcierto. Tristeza soterrada y bronca, mucha bronca.
Después, con la confirmación (una vez más) de que somos muchos, de que hay movilización, de que la plaza se llena una y otra vez, se va la bronca y llega la tristeza plena, el llanto reparador. Después después, recién, hoy, ahora, hace un rato, y también durante un día más, las multitudes que somos. Y de la tristeza a una forma enrevesada de la esperanza.
Y mientras, en medio de conversaciones, gritos, cantitos, algunos hasta se mandan estas cosas:
La muerte de un político. Martín Rodríguez.
El vacío y la ingratitud. Manolo.
Un político abismal. Horacio González.
Un abrazo para todos.
